¿Sabes quién es tu lector? ¿Y cómo posicionarte en los buscadores para conseguir visitas en la web? ¿Ya tienes un avatar?

Me imagino que estarás preguntándote —como lo hice yo la primera vez que escuché esa palabra— que es un avatar… Busqué en el DRAE, mi diccionario de cabecera y en Wikipedia, hay muchas acepciones, pero no hay nada que mencione el avatar en el significado que tiene para quienes trabajan el Marketing de Contenido.

Me he percatado que los que hacen Internet Marketing también hablan del avatar, pero la definición que ellos usan, dista de las definiciones que encontré en internet cuando hice la investigación, puedes comprobarlo… se refieren más a esa caricatura o representación gráfica que hace el usuario de Internet.

¿Entonces de que avatar estamos hablando?

A aquel personaje ideal, al que le damos un nombre propio que representa tu nicho de mercado. Es aquel al cual le estás hablando cuando escribes. Y te diriges a él, porque ya has investigado cuáles son sus necesidades, ya sabes su edad, en qué sector vive, cuáles son  sus ingresos, sus gustos, que lee, y también debes conocer cuáles son sus ingresos, sus hobbies. Y también tienes identificado cuáles son sus problemas.

La mejor forma es aprender todo lo que pueda acerca de tu audiencia potencial es mirándote al espejo. Tu avatar es alguien que se parece a ti. El mayor error que puedes cometer es pensar que tu público es, “todo el mundo”. Y quien escribe para todos, no escribe para nadie.

Es sencillo, cuando hagas tu campaña en Facebook, vas a tener la opción de decidir quién es tu avatar, cuando seleccionas el grupo de personas a las cuales va dirigido tu mensaje. Generalmente este grupo de personas tienen unas características en común —que son las características del avatar— y Facebook te ayuda a seleccionar ese nicho cuando tu vas a publicar aviso.

Así que para que lo entiendas mejor, básicamente el avatar es el promedio del grupo de personas a las que les envías soluciones de altísimo valor para sus necesidades creando un contenido útil y relevante. Esa audiencia está ávida, porque te ha venido siguiendo y tú también la conoces, basado en una información que ellos mismos están dándole a Facebook o Google, a través de sus palabras claves de búsqueda.

¿De dónde viene ese conocimiento?

De esa relación que has establecido con tus seguidores, donde te has retroalimentado con sus respuestas y has escuchado sus necesidades. Entonces tú usas esa información para atraer su atención y más tarde su lealtad y apoyo, porque cuando le das solución a sus problemas, te conviertes en alguien creíble que con el tiempo se gana su confianza. Y eso es ganar posicionamiento.

¿Podemos encontrar un avatar los que escribimos?

En este rubro de la escritura, también podemos elegir nuestro avatar, que en definitiva vendría a ser nuestro lector; aquel ser humano de carne y hueso a quien tú le hablas cuando estás escribiendo, porque has comprobado que te sigue, que es fiel. Te diriges a él de “tu”, de “usted” o de vos, como sea tu costumbre cuando le hablas a alguien en segunda persona. Y lo haces porque ya lo conoces, sabes sus gustos, conoces sus preferencias y cuál es el lenguaje que usa.

Cuando tú le hablas, usas sus propias palabras —que has venido escuchando en su lamento— así que él se siente identificado contigo y por lo tanto está receptivo. Tu texto debe ser claro, específico, que lo guíe a una solución práctica. Evita el “relleno” sin sustancia, para hacer volumen, que si entregas “buena pulpa” se volverá adicto a ti, como las moscas a la miel…

Si aún no tienes identificado tu avatar, créalo. Ponle nombre y apellido, investiga a las personas con las que ya tienes una relación por medio de tu blog, o las redes sociales. Mira su perfil y ve anotando cuáles son sus preferencias —obviamente aquellas que tengan que ver con lo que tú estás ofreciendo— y define tu propio avatar.

Recuerda que tú tienes una relación estrecha e íntima con tu lector. Solo estás tú y él en esa comunicación. Tú estás tocando sus emociones, invades su corazón, te estás metiendo literalmente en su cabeza, estás ahí junto a su almohada en las noches y lo acompañas adonde quiera que él vaya —si te está leyendo en su teléfono—. A veces te presenta a sus amigos, se convierte en tu amigo fiel y esa lealtad hace que te recomiende a otras personas.

Entonces, alimenta esa relación con cariño y esmero. Dale lo que a él le gusta, eso que en principio fue lo que le acercó hasta ti. Y sigue poniéndole el corazón a tus mensajes inspiradores…

¡Escríbelo!

JUDITH MENASSA