Cuando era adolescente me relacioné con otros jóvenes que maltrataban el lenguaje y como “quien anda con la miel algo se le pega”, poco a poco empecé a usar ese lenguaje grosero y hasta el día de hoy aún quedan secuelas de ese mal hábito. Pero no solamente era grosero, sino que lo usaba para maltratar a los demás, para criticar y juzgar —costumbre my arraigada de la gente de mi tierra—.

Pero nunca es tarde para modificar conductas en pos de mejorar mi vida; así que decidí usar apropiadamente la lengua castellana que mi padre tanto bregó para enseñarme.

Aprendí en un seminario cómo usar mis palabras como instrumento de poder e incorporé este hábito en mi vida. También me había puesto algo perezosa para poner los signos ortográficos correctamente y ahora estoy revisando mis textos antes de enviarlos, porque considero que escribir correctamente es una manera de mostrarle respeto a quien lee mis escritos.

La palabra es el instrumento de comunicación por excelencia de los seres humanos, y como tal nos representa. La palabra es nuestra vestidura, nuestra voz y funciona como nuestra huella digital… es única. Cuando expresamos nuestros conceptos, hablamos mucho sobre nosotros mismos…

Hay un proverbio antiguo que reza:

“Eres esclavo de lo que dices y amo de lo que callas”…

Las palabras que se te escapan vuelan libres y viajan, a veces dan la vuelta y te golpean como un boomerang, las palabras que decimos cobran vida y dejan huella, a veces, imborrable para bien o para mal…

Dicen que las palabras se las lleva el viento… y eso no es cierto. Las palabras escritas quedan plasmadas para siempre como una santa inscripción, así que debemos ser extremadamente cuidadosos con nuestros mensajes escritos…

Por medio de la palabra escrita muestras tu estilo, cautivas, vendes, , alientas, apoyas, hieres, maltratas, creas una guerra, calmas a un sufriente, conquistas, seduces, oras, consuelas, animas… Puedes construir un mundo de emociones, de ciencias, de literatura, y organizándolas de una manera especial, consigues crear personajes, imágenes y darles una calidad determinada a los valores… tú decides para que quieres usar la palabra.

A veces las palabras suelen restarle el embrujo que tienen los eventos, y nunca se asemejaran a la belleza indescriptible que tiene la vivencia en sí, son como una fotografía opaca del espectáculo viviente de un paisaje con todos los efectos sonoros y estéticos que la acompañan. O lo contrario, un evento sencillo que a nuestros ojos no tiene valor puede convertirse en uno extraordinario —usando las palabras precisas que le dan ese toque magistral—que hacen de algo trivial, un hecho asombroso.

Cuando estás escribiendo, puedes trasmitir efectos de los personajes o del argumento, para que el lector los palpe, los sienta en lo más profundo, para que escuche, huela, y se recree en aquellos sitios que estás narrando, con el espíritu de aquellas palabras que alcanzan a plasmar apenas, un rastro de lo que estaba sucediendo.

Las palabras se someten a un filtro constante en nuestros pensamientos. Buscamos darle forma a nuestras ideas a través de palabras. Hay un poder que supera a muchos, el poder de la palabra.

Todas las acciones humanas desde la creación del pensamiento, la cristalización en realidad a través del lenguaje, están respaldados por esos 28 signos, que entrelazados pueden desencadenar los más grandes eventos y la consolidación de las ideas.

Cuando desconocemos algo, el impulso primario es buscarle un nombre con que identificarlo. Las palabras especifican que hay en nuestro entorno, le dan un perfil, mediante los símbolos que todos aprendimos desde niños: El abecedario.

Luego aprendimos a mezclarlos y eso dio nacimiento a un mundo nuevo: Las palabras. Llegaron para quedarse y para darle una dimensión nueva a nuestra vida, porque con ellas comunicamos…

Resulta pues un verdadero poder, saber escribir, conectar todas las palabras… es como vestirse bien, como mantenerse acicalado, como mantener tu casa y oficina en estado de pulcritud y orden. Son cosas que se aprenden bien y se incorporan como un hábito a hacerlas bien… hasta que te acostumbras.

Ahora, si eres un amante de la comunicación verbal o escrita, puedes elegir transformarte y transformar tu entorno a través de un lenguaje poderoso que inspirara al mayor número de personas a través de tu palabra.

Puedes apropiarte de ese conocimiento, de tus talentos y construir un mensaje que pueda ser útil a muchas personas…

¡Escríbelo!

JUDITH MENASSA